domingo, 6 de abril de 2008

Lecturas poco recomendadas

Paulo Coelho es un autor muy conocido. Hace apenas unos meses leí por primera vez un libro suyo: el Zahir. Me gustó de veras, esa historia de amor que se sobrepone a al tiempo y a la distancia me encantó. Sobre todo porque nunca sabes que parte hay de autobiografía y cuanta de imaginación. A este libro le siguieron otros: el Alquimista, Veronika decide morir, Once minutos, y Brida que lo estoy leyendo ahora.
En todos los libros hay una temática constante, la búsqueda del amor, la Otra Parte, y el encuentro de la misma. Siempre anima a luchar por lo que uno cree, a elegir un camino y tener el valor de recorrerlo; te da ánimos de vivir la vida, de no dejarla pasar sin participar en ella. Creo que es una lectura muy recomendada si estas en uno de estos dos casos:
a. Estas feliz de la vida, ya sea porque tengas a tu lado a la persona que piensas que es la definitiva o aunque no haya nadie te sientes muy bien contigo misma y tampoco necesitas de esa Otra Parte.
b. Estas asqueada de la vida porque bien ya has desistido de la búsqueda del amor verdadero o el que tu creías que era la persona de tu vida se ha ido.
En ambos casos la lectura de Coelho viene muy bien, en el primero porque tu felicidad hace que comulgues con el autor y con lo que él llama “el alma del mundo”, en el segundo porque necesitas que alguien te de una esperanza, que te digan que las cosas van a salir bien. Pero Paulo Coelho no es recomendable cuando estás enganchada en una relación que te hace daño, en una historia en la que tu estás segura que estas ante de tu Otra Parte aunque esa parte no lo vea así. Tu cabeza y el resto de las personas sensatas que te rodean te dicen que estas equivocada pero sigues luchando o esperando por ese amor porque en estos libritos lees que merece la pena; que los caminos no son fáciles, que son tortuosos y que tardas en llegar a tu destino. Así que vas en el metro con la cabeza como un bombo de todo lo que piensas, decides sacar tu libro para desconectar un poco de tu propia vida sumergiéndote en vidas ajenas y ¿con que te encuentras? Pues con un tío que te anima a darte cabezazos contra la pared. Mi recomendación, dejad de leer a Paulo Coelho, yo lo voy hacer,... una vez que me termine el de Brida.

sábado, 22 de marzo de 2008

¿Os habéis preguntado alguna vez si sois el tipo de persona que hace algo o la que mira a otro lado?


Cada día yo miro a otra parte cuando me encuentro con cosas que no me gustan. No poso mis ojos sobre el hombre del banco que todos los días está sentado frente a mi casa, ni en la pobre mujer sucia y demente que recoge colillas en el intercambiador. Tampoco en los inmigrantes agotados que vuelven a casa tras largas jornadas en la construcción. Prefiero pensar en lo desgraciada que soy porque fulanito no me llama o que ganas tengo de salir a comprarme esos zapatos que vi en una revista. Tengo amigos que si se fijan en todas esas personas, que ceden los asientos a las ancianitos en el metro, colaboran con ONG e incluso pasan sus vacaciones en países pobres ayudando a aquellos que lo necesitan.

Pero mi pregunta no iba referido a eso, sino a una situación en la que tu propia vida se viera amenazada por no mirar a otro lado. Hace unas semanas echaron en la tele el documental “El alma de los verdugos”. Constaba de dos partes, la primera trataba de la dictadura argentina. Me impresionó. Debo reconocer que apenas sabía nada del tema, en las clases de historia mucha reforma agraria del año mil ochocientos pero nada de historia contemporánea. A pesar del dramatismo de las experiencias narradas había algunas que tenían un punto hasta cómico, la manera en que se establecían relaciones entre los torturados y los torturados. Era sorprendente. Desaparecieron unas 30000 personas, y nadie hizo nada. La población en general no se movió por aquellos que secuestraban y desaparecían, pero si hubo personas que denunciaron lo que estaba ocurriendo a riesgo de su propia vida. Y de ahí la pregunta ¿Quiénes sois vosotros? ¿El tipo de persona que se llevan a su vecino y su familia y no dice nada, hace como si esas personas jamás hubieran existido o aquella que denuncia que cuenta a los demás lo que está ocurriendo? Cada uno de nosotros va a su rollo, en general no queremos problemas por eso cada día miramos a otro lado pero ¿qué pasa cuando ya estás metido en ese problema? Hotel Rwanda, bonita película, pero lo más bonito es como una persona en principio insensible a los problemas ajenos se involucra hasta el fondo con tal de ayudar a los demás. Es cierto que no debemos olvidar que todo eso va aderezado con la banda sonora y los planos del director, pero la historia está basada en un hecho real, y sabemos que existen personas así. ¿Qué tipo de persona sois? Yo, sinceramente, espero no tener que averiguarlo nunca.

lunes, 10 de marzo de 2008

Democracia

Somos afortunados por vivir en un país democrático. La democracia es la mejor de todas las posibles formas de gobierno. El pueblo tiene el poder, es decir, nosotros en días como hoy elegimos a nuestros representantes. En resumen, mola ser un país democrático. Esto que acabo de exponer es de una forma muy resumida y simplificada lo que nos tramite la sociedad, nuestros padres, el colegio y todo aquello que nos rodea. Digamos que son unos axiomas que simplemente aprendemos, frases que repetimos y no pensamos de una manera profunda en ellas.
En mi opinión creo que se dan paradojas muy interesantes en esta forma de gobierno que tenemos. El pueblo ostenta el poder, de ahí que sea tan importante su participación en los comicios; pues somos nosotros los que con nuestro voto decidimos quien es nuestro gobierno. Cuanto más importante sean las votaciones más gente acudirá a las urnas, pero eso mismo hace que el voto individual de cada uno tenga una menor importancia. Por tanto, cuanto más importante es la elección, menos importa que una persona vote o no. ¿Valen todos los votos lo mismo? Es evidente que no, pero esto es algo que nunca nadie cuestiona o no se atreven a cuestionar. De una manera simple, no es lo mismo el voto de un listo que el del un tonto. Entendiendo que tonto y listo no tiene nada que ver ni el coeficiente intelectual ni con el nivel de estudios. Probablemente el listo vea más allá de los mítines electorales, de las frases que no dicen nada y de toda la parafernalia que rodea al político. El tonto se queda con la parte externa, con los discursos cansinos y repetitivos. La democracia respeta todos los partidos políticos, pero en votaciones como las nuestras el gobierno electo suele ser por un porcentaje que ronda entre el 55-65% de los votos, por tanto queda entre un 35-45% de la población que no quiere tener el gobierno que otros han elegido y se tienen que aguantar al menos durante cuatro años. Diciéndolo con otras palabras, para los ganadores es democracia para los perdedores es dictadura. Elegimos un partido como gobierno, no a unas personas como ministros. Nuestras elecciones no son de personas, sino de partidos que representan ideales. Y eso me resulta hasta cómico. ¿Realmente existen los ideales políticos? Nuestra sistema económico es de tipo capitalista, y la política económica es algo que está por encima de cualquier partido político, es decir, la economía se mueve por si misma y poco puede hacer el ministro de turno. Por tanto poco importa que el partido A diga que van a hacer a la gente menos pobre si eso es algo que no pueden controlar.
Se suele decir que la democracia es la forma de gobierno menos dañina de las que conocemos. No sé si tal afirmación es cierta, soy hija de la democracia, pero estoy segura que ha de existir otras formas de gobierno mucho más eficaces pero como pensamos que esta es la guay, la única válida, no se investigan o prueban otras cosas. El género de la ciencia ficción suele tener la etiqueta de “para frikis” o “para niños” pero en muchos libros buenos de este género las sociedades futuras no se rigen por una democracia si no por otros tipos de gobierno. Y como bien sabéis muchos de los autores de la ciencia ficción tales como J. Verne o A. Clarke fueron auténticos visionarios…

domingo, 24 de febrero de 2008

Amores que si duran

Mis abuelos llevan casados 52 años. Cuando se conocieron mi abuela tenía quince y mi abuelo veintitrés años. Tras dos años de noviazgo se casaron en una sencilla ceremonia. Criaron a dos hijos y lograron salir adelante en una época que no fue fácil para nadie. A pesar del tiempo transcurrido el amor que se profesan y demuestran me asombra. Ayer hablando con mi abuela me contaba lo siguiente: El pasado jueves (día de los enamorados) mi abuelo salió a pasear por el campo. Ella se sintió molesta porque no le pidió que la acompañara y a medida que se acercaba la hora de comer la cosa fue en aumento, pues mi abuelo tardaba demasiado y ella tenía que hacer más labores. Le llamó al móvil (si, mis abuelos son modernos y cada cual tiene su móvil) para preguntarle donde estaba y cuanto tiempo iba a tardar. Él le dijo que aún se retrasaría un poco, mi abuela estaba cada vez más molesta y a punto de ponerse a comer cuando sonó el timbre. “Quien es” debió de ella a lo que mi abuelo respondió “tu príncipe” un poco sorprendida le abrió la puerta y al franquear el umbral de la casa mi abuela se dio cuenta que su marido llevaba un ramo de flores que él mismo había recogido durante el paseo por el campo. Mi abuela me dijo que se había sentido totalmente embriagada por ese simple y precioso acto de mi abuelo.
La historia me conmovió, la manera en que se quieren es admirable después de tantos años. No conozco ninguna otra pareja que se demuestren así su amor, y no es porque sean mis abuelos… Esto me ha llevado a pensar lo difícil que ha de ser encontrar un amor así. Una persona que esté siempre contigo, que este dispuesto a sacrificarse por ti y tu por ella, desde luego. A veces pienso que el momento que nos ha tocado vivir lo complica todo. Cuando la gente se casa, o se une de algún modo, sabe que no es para siempre. A diferencia de generaciones anteriores, cuando aquella unión era para siempre, nosotros sabemos que el contrato se puede romper cuando queramos y tal vez por eso no luchemos tanto por las relaciones. Sabemos que podemos dejarlas cuando deseemos y encontrar otras nuevas que también podremos dejar. Desde luego si una pareja no es feliz no deben permanecer juntos por siempre jamás, pero también creo que las personas cada vez luchan menos por sus relaciones. Somos la generación del usar y tirar; kleenex, toallitas limpiadoras, bayetas de un solo uso… y chicos/as de un rato.

domingo, 17 de febrero de 2008

Soy una persona de exito

Soy una persona de éxito. Tengo una familia que me quiere y me admira. He concluido dos licenciaturas, y espero tener un doctorado en algunos meses. Soy inteligente, joven, sana, guapa y atractiva. Gano el suficiente dinero para vivir en un bonito piso y poder darme algún capricho. Tengo un amplio círculo de amistades y siempre hay algún plan por hacer. En contraposición a todo esto mi vida amorosa es un fracaso. Mis pocas relaciones las han terminado siempre ellos y el resto de los escarceos me han resultados insípidos. Casi todas mis amigas tienen relaciones estables pero yo no logro establecer ninguna a pesar que nunca he sido infiel, ni me he comportado de manera inadecuada con nadie.
Mi última relación finalizó ayer. Bueno realmente no era una relación, sino era “algo”. Lo cual tiene nos definiciones; la suya: nos vemos en tanto en tanto, porque él no está enamorado y no quiere hacerme daño. La mía: nos vemos en tanto en tanto porque yo estoy enamorada y no me importa el daño que me haga. Ese “algo” perdura desde hace más de un año, en ese tiempo yo he sido fiel sin que lo tuviera que ser y él no lo ha sido pues no tiene porqué serlo. Pero la situación se ha vuelto tan insostenible que ayer le envié un último sms diciéndole que el “algo” se había acabado (es la tercera o cuarta vez que se lo digo en este año). La situación era ciertamente dramática para mí, pues a pesar de estar en mi trabajo apenas pude reprimir una lagrimilla. Aunque también tuvo una cierta parte cómica, en el momento en que yo apretaba la tecla de mi móvil para enviarle mi último sms, un chico nuevo de mi trabajo, al que no había visto nunca, intento entablar conversación conmigo, olvidando por un momento que estábamos en un centro de investigación por lo que tal parecía que estábamos en la barra de un bar. El “algo” no respondió a mi último sms y yo ya ni recuerdo la cara del chico nuevo.
Como soy una chica práctica donde las haya me he pasado en fin de semana disfrutando de un derecho que todo ser humano tiene; autocompadecerse. Para llevarlo a cabo es imprescindible que estéis solos en casa. Comienza el viernes por la noche, cuando llegáis a casa. Muy importante que en ese momento uno empiece a pensar que es el ser más desgraciado del mundo, y para más inri que el resto de las personas son inmensamente felices. Se debe mirar el móvil repetidas veces y cada vez pensar que nadie se acuerda de nosotros, que todo el mundo tiene sus planes, su vida y nosotros no tenemos sitio en ella. Hay que cenar poco y mal. Poner algún programa televisivo mientras consultamos el correo y volvemos a pensar que nadie nos recuerda. Te vas a la cama a dar unas cuentas vueltas, hasta que al final optas por tomarte unas valerianas o un lexatin si se tercia. El sábado te levantas fatal, con la lagrima asomándote en el ojo. Te duchas pero nada de lavarte el pelo que te estas autocompareciendo. La tarea de ir al super te parece la más grande que jamás se haya encomendado a nadie. Después de mil vueltas por casa, un chándal viejo y estirado te decides a bajar y hacerle frente a las viejas y sus carritos. Lo peor de salir a la calle es que igual ves una parejita que se comen a besos y es entonces cuando piensas que las leyes retrógradas de algunos países acerca de las relaciones entre hombres y mujeres no están tan mal y debería incluirlas ZP en su próxima legislatura. El resto del sábado lo pasas en casa. Es un buen momento para poner música estilo “La quinta estación” o “Fito y los fitipaldis” te ves reflejada en casa una de las canciones. Al final de la noche del sábado te duermes con los kleenex en la mano. El domingo más de lo mismo, solo que ahora lloras mientras limpias el baño o barres la cocina. Ya de tarde empiezas a pensar que autocompadecerse es un poco rollo, gastas demasiados pañuelos y además te apetece lavarte el pelo. Te acuestas pensado que vaya pérdida de fin de semana que estas harta y que el próximo me voy a correr una juerga tremenda… al fin y al cabo vuelvo a estar en el mercado.